Estabas ahí, eres culpable…

Estabas ahí, eres culpable

La Audiencia Provincial confirma la sentencia que condenó al secretario general de la Corriente Sindical de Izquierda y cuatro trabajadoras y trabajadores de las cafeterías del Grupo Covadonga por participar en una concentración en la que se gritó “la próxima visita será con dinamita”.

Según la sentencia apelada, ser trabajador o trabajadora de una empresa en conflicto y/o secretario general de la CSI y estar presente en una concentración en la que, entre otras consignas se grita esa frase, es motivo suficiente para ser objeto de una condena por amenazas ya que de todas y todos es sabido que las miles de veces en que se repitió esa misma expresión en movilizaciones laborales en Asturies, el paso siguiente fue una visita con dinamita, con los destrozos materiales y los daños personales de todas y todos conocidos.

Desde la tranquilidad de su despacho y su trabajo asegurado de por vida, la jueza que dictó la condena en primera instancia evitó analizar el contexto de conflictividad laboral en el que se produjeron los hechos, redujo una movilización de protesta a un mero episodio de supuestas amenazas utilizando una sola consigna de las muchas que se gritaron durante ella y, entre las decenas de personas que participaron en ese acto de protesta y corearon esa y otras frases, condenó a las y los trabajadores que habían sido despedidas y despedidos y al secretario general porque estaban allí, eran despedidas y despedidos que tenían la desfachatez de reivindicar su vuelta al trabajo (que al final consiguieron gracias a las movilizaciones y a pesar de sentencias tan injustas como ésta) y, en el caso del secretario general Nacho Fuster, porque es el secretario general de la CSI lo que, al parecer, le convierte en objeto de condena automáticamente.

Una trabajadora condenada apelaba también contra el importe de la multa impuesta, 720 euros, que supone más de lo que gana al mes (700 euros).

Ahora, la Audiencia Provincial confirma la condena original apelando a la libertad de la jueza para valorar las pruebas a su libre entender y también desestima, por la misma razón, la apelación de la trabajadora que tiene que trabajar más de un mes para pagar una multa por estar presente en una concentración contra su despido en la que decenas de personas gritaron una consigna que no fue del agrado de la magistrada condenante.

Estas sentencias son todo un ejemplo de esta justicia con minúsculas que sólo ve lo que quiere ver y como lo quiere ver, y que forma parte indisoluble de todas esas injusticias con mayúsculas que las y los trabajadores estamos sufriendo todos los días y a todas horas, esa justicia que no es ciega, sino tuerta, mirando siempre para el mismo sitio y demostrando, con rebuscada fraseología hueca y rimbombante que en muchas ocasiones todas y todos somos iguales ante la ley, pero unos más iguales que otras.

A pesar de este tipo de atropellos judiciales, las y los trabajadores no nos rendimos ni nos amedrentamos ni nos vamos a encerrar en los despachos a rumiar frustraciones ni a llorar por los derechos perdidos.

Pase lo que pase, desde la CSI seguimos en la pelea contra los despidos y por los derechos de la clase obrera.