Ninguna expulsión desde Asturias. No a la ley de Extranjería

Lleer versión en asturiano

racismu06-03-2010. Ruta contra'l racismu y la represión

En los últimos meses, desde la aprobación de la reforma de la Ley de Extranjería a finales de 2009 hasta el reciente “escándalo” por la cuestión de los empadronamientos en Vic, hemos asistido a un nuevo episodio de la competición política entre el PP y el PSOE para ver quién es el más duro: quién persigue, detiene, encierra y expulsa más inmigrantes. Para ello han multiplicado una y otra vez los efectivos policiales, las vallas, los sistemas de vigilancia. Y en esta competición… por ahora gana el PSOE de Zapatero, de Rubalcaba, de Trevín… Nunca antes se había detenido y expulsado a tanta gente por no tener papeles.

“Prohibir el empadronamiento”, “los españoles primero”, “expulsar a todos los sin papeles”, “construir más centros de internamiento”… Ante la obscenidad de las declaraciones políticas –y ante la hipocresía en la que se mueve el gobierno- lo primero que exigimos es que se callen. Sí, un poco de silencio entre tanta miseria parlamentaria para poder hablar sobre las verdaderas causas de la inmigración y sobre el verdadero sentido de la política migratoria.

Hablemos de las causas. Porque más que un efecto llamada lo que se ha producido, lo que se está produciendo, es un efecto huida de poblaciones a las que se les ha negado en sucesivas ocasiones la posibilidad de construir su propia soberanía alimentaria. Hace bien poco tiempo asistimos a la conversión de los piratas somalíes en malvados terroristas. Pero, ¿qué deberían hacer los pescadores somalíes, senegaleses, mauritanos, saharauis, marroquíes? ¿Qué deberían hacer los inmigrantes latinoamericanos expulsados de sus países por la segunda colonización, esta vez la de las multinacionales españolas, europeas, estadounidenses…? ¿Aceptar ser humillados en el aeropuerto o encerrados en un CIE al llegar por mar? ¿Aceptar ser explotados en la economía legal o en la sumergida? ¿Asumir como naturales los controles racistas por las calles? ¿Deben callar cuando sean internados y, finalmente, expulsados? Quizás a lo que el capitalismo español está invitando con tanta explotación y represión es a la proliferación de los piratas, a que los pueblos se organicen en los países de origen y expulsen a los verdaderos invasores, las empresas expoliadoras de los recursos de los pueblos. Será este un buen punto de partida para construir una verdadera libertad de movimientos: la que empieza por no ser expulsado de tu propia casa.

Volvamos a Rubalcaba, a Trevín, a las expulsiones. En el Estado español hay nueve Centros de Internamiento de Extranjeros. Recientes informes de varias organizaciones sociales demuestran la vulneración de derechos fundamentales en estos centros, peores que cárceles. Celdas de aislamiento, maltratos y torturas policiales, condiciones de vida insalubres, etc. Pero no hace falta acudir a Aluche en Madrid, a Zapadores en Valencia, a Capuchinos en Málaga. Basta con darse una vuelta por Uviéu o Xixón. Basta con escuchar los testimonios de centenares, de miles de personas, que han sufrido un control policial racista, que se han comido varias noches de calabozo o incluso han sido golpeados por la policía por ser inmigrantes. Desde hace meses, todos los días, hay personas en Asturies que son detenidas e internadas para su expulsión. Como acabamos de escuchar, la ciudad se convierte en una cárcel para las personas sin papeles. Hace quince días nos manifestábamos aquí mismo contra la ordenanza de convivencia ciudadana que pretende aprobar el gobierno de Gabino de Lorenzo. El mismo que tiene un Jefe de Policía que se dedica a limpiar las calles de inmigrantes. Hoy las calles son para lo que son: para circular y para consumir. Estamos aquí para negar la ciudad cárcel, para negar la ciudad centro comercial, para reclamar las calles, para ocupar el espacio público. Inmigrantes, prostitutas, jóvenes, activistas, mendigos. La calle no es de la policía y las multinacionales. La calle es nuestra.

¿Cuál es el verdadero sentido de este estado de excepción contra los inmigrantes? ¿Para qué le sirve al Estado? Para expulsar a más de diez mil todos los años –dirían Rubalcaba o Trevín. Pero la población inmigrante en el Estado español es de 5,6 millones de personas. Expulsar a 10 mil o a 13 mil no es una medida para regular los flujos migratorios. Eso es mentira. Es una medida para generar miedo, inseguridad, no sólo a las personas detenidas sino a las millones de personas inmigrantes que podrían llegar a sufrir una expulsión. Es una medida ejemplarizante, para que los inmigrantes aprendan bien su papel: la sumisión, el aceptar cualquier condición laboral, para así poder tener tarjeta de residencia. La Ley de Extranjería y la represión policial pone a los pies del mercado de trabajo a una población sumisa y vulnerable.

Una población que es invisible salvo cuando se la relaciona con la criminalidad o con el excesivo gasto en servicios sociales. Otras mentiras. Lo que no se dice es que hoy aquí –y en toda Europa desde hace décadas- la población inmigrante es imprescindible. Más si cabe en Asturies. Qué paradoja: mientras Asturies se despuebla, se expulsa a los inmigrantes. Y se dice que quitan el trabajo a la población autóctona. ¿Quién va a hacer –por ejemplo- el trabajo de cuidados que hoy realizan mayoritariamente las mujeres inmigrantes? 2.300 de ellas están dadas de alta en el miserable Régimen Especial de Empleadas del Hogar. Y muchas más trabajan sin contrato.

Hoy no vamos a cambiar la Ley de Extranjería. Hoy no vamos a cerrar los CIEs. Hoy no vamos a sacar del calabozo a los inmigrantes que seguro que están encerrados en él. Pero hoy estamos dando un paso al frente, estamos tejiendo nuevas relaciones de solidaridad y apoyo mutuo. Hoy, por ejemplo, han venido compañeros del colectivo de africanos de Avilés, porque nos hemos ido encontrando en esta lucha. Por eso hoy ya somos un poco más fuertes.

Esta manifestación no es sólo una manifestación de apoyo a la población inmigrante. Que el estado de excepción se convierta en natural es un problema que nos incumbe a todas las personas, migrantes y autóctonas. ¿Vamos a cerrar los ojos, vamos a mirar hacia otro lado, mientras permitimos que la policía de Trevín actúe cobarde e impunemente por las calles de nuestras ciudades y pueblos? Inmigrantes y autóctonos ya no somos compartimentos estancos. Nos conocemos, nos mezclamos, nos tocamos. Construimos historias en común en nuestras familias y nuestros barrios. No, no estamos aquí solamente para darnos un paseo y desahogar nuestro derecho al pataleo. Estamos aquí para decirle a De Luis, a De Lorenzo, a Trevín, a Rubalcaba, a Zapatero y a todos los miserables que persiguen a la población inmigrante que no lo vamos a permitir. Que no pararemos hasta que se termine esta persecución y ensañamiento.