Ante la reciente oleada de incendios forestales

Ante la reciente oleada de incendios forestales la Corriente Sindical d´Izquierda en el SEPA, Manifiesta.

En primer término expresar nuestras condolencias a los familiares de los fallecidos y nuestro más sincero apoyo a todos los damnificados de Portugal, León, Galicia y, por supuesto, Asturias.

Nos provoca la mayor de las zozobras que el tiempo nos dé la razón cuando en sede parlamentaria o en la calle denunciamos que este tipo de fenómenos son cíclicos y previsibles pero los responsables políticos que deberían prever y mitigar los efectos de estas situaciones no escuchan y permanecen de brazos cruzados esperando a que llueva.

La magnitud de incendios como los de Busindre, Valledor, Bual-El Franco o los de Degaña-Ibias de estas fechas desbordan la capacidad de los medios del SEPA o incluso los de todo el Principado de Asturias y, por supuesto, los de los ayuntamientos implicados.

Sin embargo nos entristece repetir que no hace falta la conjura de un huracán atlántico acompañado de viento sur sahariano para que el SEPA quede desbordado. El SEPA es un servicio de emergencias que vive sumido en la precariedad desde hace demasiados años y que no tiene visos de cambio.

La CSI en el Sepa viene denunciando desde hace casi una década –sí, diez años- que la plantilla es poca y que el catálogo de puestos de trabajo en el Área de Intervención no está cubierto faltando alrededor de 30 efectivos de una plantilla de 350 de forma habitual.

Los turnos diarios los integran una media de tres efectivos por parque, repartidos en 19 parques. Las cifras son tan ridículas que sobra añadir cualquier comentario.

A pesar de que el trabajo en el monte, en accidentes de tráfico, en incendios urbanos, etc, es el mismo para todos, esta administración que sufrimos se empeña en mantener dos categorías profesionales con un tercio de la plantilla en situación de “bomberos baratos”.

La solución a este caos entendemos que no pasa por apuntalar un servicio a base de horas extraordinarias que se cuentan por miles.

Tampoco está en reclamar el apoyo de la UME como si del séptimo de caballería se tratase.

Ni mucho menos en clamar que la situación es debida a un campo lleno de terroristas incendiarios.

Se impone coordinar medidas pequeñas  que sumen y que contribuyan a  que esto no suceda o, si sucede, no alcance la magnitud a la que ya parece que debemos habituarnos.

Si quemar el monte es delito, persígase y acótense los terrenos quemados para que se regeneren y el delincuente no se vea premiado.

Si el arbolado es un monocultivo de especies pirófilas,  diversifiquen los cultivos.

Si los caminos, puntos de agua y cortafuegos están sucios e impracticables, inviertan en prevención.

Si el organismo encargado de la extinción lleva años tratando de ser escuchado, denle la voz.

Nos gustaría finalizar sumándonos a las voces que en Galicia acusan a terroristas de esta situación. Sí, son terroristas todos aquellos que teniendo el poder y el dinero para empezar a solucionar estas situaciones no lo hacen por dejadez, intereses oscuros o incapacidad.

Y esos terroristas son, sin duda alguna, ustedes, nuestros gobernantes, porque no escuchan a los trabajadores, porque no persiguen el delito, porque no plantean alternativas al campo, porque el medio rural parece que se salva sólo si llueve.

Uviéo 18 d´ochobre de 2017.