Contracorriente nº 42

Desde que en el año 2007 nos dijeron que estábamos en crisis, nos dieron como si no hubiese mañana. Con unas tasas de paro por encima del 25%, datos oficiales, con decenas de miles de personas que se quedaron sin casa, desamparas, y sin tener cubiertas las necesidades básicas. El Estado no fue capaz de dar respuesta a los problemas. Aún así, si fue capaz de mantener los privilegios de unos pocos a costa de sacrificio de muchos. Corrupción, oligarquía, explotación, censura, prohibiciones, abusos, persecución, represión… son palabras asociadas a las dictaduras y son palabras que una y otra vez se repiten de continuo, cuestionando la actuación de unos Estados, en teoría democráticos, pero que en la práctica están parasitados para salvaguardar los intereses de una minoría, aunque la titularidad del poder corresponda a toda la sociedad.

 

Ante una situación tan injusta lo raro sería que el descontento social no aumentas significativamente, tratando de contrarrestarlo  el Estado con un endurecimiento de la legislación que regula el derecho a la protesta, que al efecto se traduce en un aumento de las multas a la gente que se manifiesta, identificaciones injustificadas, malos tratos a manifestantes y detenidos, encorsetamiento de la libertad de expresión e intentos decriminalización de aquellas organizaciones que no están dispuestas a dejar que se violente el derecho legítimo a exigir que las personas podamos participar en la vida civil en condiciones de igualdad y sin discriminación ninguna, algo que actualmente no está garantizado.

 

El Estado respondió con el uso de la fuerza, la criminalización y el acoso judicial ante personasque demandan algo tan esencial como un sitio donde vivir o un trabajo. El Estado acosó y acosa a aquellos que luchan por los derechos de todos y todas. Usó la represión, todo lo contrario de libertad. Una libertad que le robaron a Alfon, a Andrés Bódalo o que querían quitar al compañero Aitor, felizmente absuelto. Ellos, y otras muchas personas que permanecen en el anonimato, luchan todos los días por una vida más justa para todo el mundo y reciben como pago, en demasiados casos, el olvido.No podemos dejar que eso pase, tenemos la obligación moral, por encima de todo, de sumar fuerzas para evitar que situaciones como estas puedan darse.