Homenaje a Luis Redondo en la Fosa Común del cementerio de Ciares, Xixón.

“Gran parte de nosotros está detrás de nosotros mismos”

Queremos unir a estas palabras las del propio Luis Redondo, sacadas de los diferentes textos que escribió, recopilados en el libro Relatos d’un nómada, y con los que hizo un repaso ficticio de hechos reales de la historia de Asturies. Por eso elegimos leer hoy, en este lugar, parte del texto Celda Caliente, celda de la Prisión del Coto, llamada así por estar al lado de la panadería, que albergó a 14 persones provenientes de la primera tanda de detenidos, en un recinto sólo apto para cuatro, antes de ser asesinados y enterrados en esta fosa común. En este texto cuenta la historia de varias personas que compartieron esa celda, y de como la energía de este lugar, energía proveniente de todas las personas luchadoras asesinadas y aquí enterradas por los “cruzados” de la injusticia, llegó a un chaval que gracias a ella conoció las historias de las aquí enterradas y aprendió como seguir con su lucha:

“En el amanecer de un día de octubre, casi seis décadas después del fusilamiento de 3.000 hombres, Simón, hijo de uno de los fusilados que yacen en la Fosa Común de Metalurgia, se despertó un poco aturdido tras haber pasado una noche con sueños intermitentes y confusos.

(…)

Siguiendo a la luz, Simón llegó hasta el monumento a los mártires que, desde principios de siglo, había resistido como vanguardia ética en defensa de las libertades y del avance social. Este monumento se encontraba próximo a otra parcela de enterramiento degradatorio, según decían, pues allí estaban enterrados los sin dios, masones, algunos; librepensadores, los más; y quienes escogieron la síntesis más elevada de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad.

(…)

También entre los enterrados por estos abominables hechos se encontraba (¡qué ironía!) una persona, “una pervertida mujer chupa sangres”, llamada Rosario Acuña, vanguardia de la esencia social de la mujer y meritoria defensora de las libertades. A pesar de ello, no gozaba esta Señora de ninguna distinción, sólo de un montón de tierra y una madera pintada de negro donde figuraba su nombre.

Separada por un muro de esta parcela de marginalidad se encontraba la “canalla republicana”, en su mayoría obreros y maestros que osaron, entre otras cosas, reivindicar la libertad, la enseñanza libre y la dignidad en el trabajo; y que, al igual que nuestra madre, Eva, se atrevieron a comer de la manzana del conocimiento del bien y del mal, renegando en su mayoría de la fe verdadera; lo que les llevó a enfrentarse a la Cruzada que, como no podía ser menos, contaba con el aval indestructible del Dios supremo. Por su parte, ellos sólo contaban con la legitimación del gobierno de la república, votado mayoritariamente por el pueblo…

Simón empezó a sentirse libre de odio, incluso de ese menú frío que suelen ser las vendettas acumuladas, y a dejar fuera cualquier exigencia cotidiana. En ese estado, en la parte más exquisita de su conciencia, siente que tiene que decir la verdad y que además esta verdad debe ser transmitida, pues hay algo que no puede quedar en el olvido y hechos que no se pueden devaluar, consciente que la conciencia colectiva no puede ser siempre perpetuada históricamente por los invictos, porque determinados avances sociales no son fruto de la espontaneidad y menos aún de la casualidad, sino que estos logros tuvieron unos cimientos sólidos sobre los que hay que construir, corno la primavera republicana que, incluso durante la Guerra Civil, fue un modelo imparable de reivindicaciones sociales y un vivero de demandas de libertad.

Concluyó, pues, sin asustarse, que esa visión estaba teniendo lugar desde dentro de la tierra, de una tierra herida, donde él mismo reposaba como si su cuerpo físico hubiera dejado de ser, diciéndose a sí mismo: ¡Esto es absurdo! Es como si una parte de mí estuviera enterrada aquí desde hace tiempo. Los restos de su padre forman parte de los inquilinos resucitados en la memoria de muchos asturianos. Y pensó en su padre y lo vio próximo, pues éste, el padre de Simón, llamado Doro, fue de los primeros fusilados de la “celda caliente”. Y recordó sus palabras:

“Cuántas vueltas alrededor del Sol tiene que dar la Tierra para que la lluvia nos empape de equidad y de justicia. De momento a ti, Simón, te tocó ver la esquela del “Alma colectiva”. Nos ganaron en esto, más piensa que no habrá ninguna evolución positiva sin “los más”. Cuídate y ser generoso en dar, con mantener tu generosidad y que el dolor ajeno te duela a ti, es suficiente para la generación y la salvación del “Alma colectiva”. Nunca habrá salvación individual, y piensa que yo estoy en ti lo mismo que tú estás en mí. Camina, camina y crece, y si alguna vez te consideras grande como para separarte de “los más”, mira las estrellas que éstas te volverán a hacer pequeño”.