Justo Braga enfanga aún más la escasa credibilidad que le queda a la UGT

JUSTO BRAGA ENFANGA AÚN MÁS LA ESCASA CREDIBILIDAD QUE LE QUEDA A LA UGT

La Corriente Sindical d’Izquierda quiere salir al paso de las declaraciones realizadas a los medios de comunicación por el Secretario General de la UGT, Justo Braga, en las que calificaba de “liberados, fascistas y matones” a los militantes de la CSI, especialmente al delegado sindical de la CSI en Cajastur/Liberbank, Marco Antuña, a raíz de la concentración de protesta realizada por las Asambleas de Trabajadores y Trabajadoras en Lucha en Asturies, en la inauguración de la Escuela de Verano de la UGT.

En primer lugar, queremos recordar a Justo Braga que la Corriente Sindical d’Izquierda tiene prohibida la existencia en su seno de liberados sindicales y, en el caso de que algún afiliado o afiliada, a través de algún oscuro resquicio, pudiera liberarse, su destino estaría muy claro: la inmediata expulsión del sindicato.

En ese sentido, desde la CSI animamos a la UGT a hacer lo mismo y nos preguntamos si Justo Braga aceptaría una investigación a fondo para averiguar el verdadero número de afiliados que componen el ejército de liberados a tiempo total que mantiene la UGT a través de las horas sindicales o enchufados, con sueldos millonarios, en consejos de administración, comités intercentros y organismos de la Administración autonómica, estatal y europea.

Dejamos en manos de la Justicia y de la OCU (unidad policial encargada de la corrupción y el crimen organizado) las investigaciones y procesos judiciales que se están llevando a cabo acerca de la financiación del sindicato UGT en Asturies.

No es la primera vez que Justo Braga califica de fascistas a los y las militantes de la CSI. Durante el conflicto de Tenneco, el dirigente de la UGT repitió los mismos insultos cuando la asamblea de trabajadores de esta empresa impidió las negociaciones de la UGT con la dirección de la empresa y desarrolló una labor sindical alternativa, que evitó el cierre patronal.

Justo Braga califica de matón e intimidador a Marco Antuña. Sin embargo, todos los medios de comunicación fueron testigos de cómo Marco Antuña, en la inauguración de la Escuela de Verano de UGT, utilizó armas tan terribles como un megáfono, una pancarta y la simple palabra, para atemorizar y aterrorizar a todo un sindicato mayoritario con miles de afiliados.

A este respecto, muchos trabajadores y trabajadoras podrían hablar de matonismo. De cómo se hacen “clientes” enchufando familiares o creando chiringuitos para amiguetes. De cómo se propicia el despido de quien se presenta a las elecciones sindicales en candidaturas opuestas o de cómo se amenaza a quienes, simplemente, se proponen votar a otro sindicato.

Estos trabajadores podrían acusar de estas prácticas a ciertos sindicatos, pero nunca a la Corriente Sindical d’Izquierda ni a ninguno de sus afiliados y afiliadas.

Para la CSI, la trayectoria sindical de Marco Antuña es un orgullo y un ejemplo, no solo para nuestro sindicato, sino para la mayoría de trabajadores y trabajadoras que dieron su confianza a la lista encabezada por él en las recientes elecciones sindicales y convirtieron a la CSI en el sindicato mayoritario de Cajastur. En ese sentido, en la CSI lo tenemos claro: todas y todos somos Marco Antuña.

Precisamente, es en Cajastur, donde Justo Braga y la UGT firmaron, contra la voluntad de los trabajadores y trabajadoras, dos EREs fraudulentos, uno de los cuales ha sido declarado nulo por los tribunales y el otro, está a la espera de sentencia. En ambos casos, fueron las demandas presentadas por la CSI las que salieron en defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras de Cajastur.

Dice también Justo Braga que las actuaciones de la UGT están respaldados por la legitimidad que le dan sus miles de afiliados, mientras que las Asambleas de Trabajadores “no están validadas”.

Pero Justo Braga parece olvidar que esa legitimidad se pierde cuando se utiliza para firmar despidos, EREs, cierres de empresa, convenios y pactos sociales que amparan la precariedad y la explotación laboral. En este sentido, el sistema para financiarse es sencillo: se convence a los trabajadores y trabajadoras de que el ERE, el concurso de acreedores o los despidos son inevitables; se pactan con la patronal, se firman y autorizan y, a continuación, se hace caja cobrando a los trabajadores y trabajadoras un tanto por ciento de las indemnizaciones obtenidas.

Los EREs, los concursos de acreedores, los despidos colectivos, es decir, los instrumentos que la legislación laboral pone en manos de los empresarios para despojar a los trabajadores y trabajadoras de sus puestos de trabajo y de su única forma de ganarse la vida, deberían encontrarse con un obstáculo insalvable: las organizaciones sindicales.

Sin embargo, la UGT no solamente no es, en absoluto, un impedimento, sino que se convierte en un instrumento más del proceso de despido, prestándose a hacer el trabajo sucio, pactando miles de despidos con la patronal y, en definitiva, haciendo que los dirigentes de este sindicato, más que ofrecer soluciones a los trabajadores y trabajadoras, acaben siendo una parte importantísima de sus problemas.

Cientos de empresas han pasado por esta situación con las terribles consecuencias del cierre y la pérdida de puestos de trabajo. Sin embargo, en algunas ocasiones, los trabajadores y trabajadoras han reaccionado apartando a las direcciones sindicales y tomando sus propias decisiones; constituyendo asambleas permanentes, negándose a negociar sus despidos y manteniendo la conservación de los puestos de trabajo como única reivindicación.

Para Justo Braga, estas asambleas “no están validadas” y no tienen legitimidad democrática. Pero, ¿desde cuando, no ya una asamblea, sino un solo trabajador o trabajadora carece de legitimidad cuando defiende su puesto de trabajo?, ¿desde cuando conserva su legitimidad un sindicato que no solo no defiende los puestos de trabajo, sino que colabora con la patronal en el proceso de despido?.

El reciente caso de Modultec-Imasa es un buen ejemplo de ello. La UGT redacta una carta defendiendo los 42 despidos firmados por la propia UGT y convoca una asamblea exclusivamente para los trabajadores que no han sido despedidos, con el objetivo de que la firmen.

En dicha carta, redactada por UGT, los firmantes “expresan su agradecimiento al Comité de Empresa y los sindicatos por su apoyo ante el proceso concursal en el que entró la compañía y que ha terminado con el despido de 42 personas”. En definitiva, la legitimidad de la UGT, se apoya en 50 trabajadores que agradecen y colaboran en el despido de otros 42.

A Justo Braga no le tembló el pulso a la hora de aplicar a sus propios trabajadores y trabajadoras, la Reforma Laboral contra la que, precisamente, la UGT convocó una huelga general. Por eso en la CSI nunca esperamos otro comportamiento de un Secretario General de la UGT, como Justo Braga, que, después de ver cómo los juzgados declaraban nulo el ERE que la propia UGT pretendía aplicar a su plantilla, fue advertido en la misma sentencia judicial de que se abstuviera de continuar con sus amenazas a los trabajadores y trabajadoras que presentaron las demandas laborales; unas demandas que, según palabras textuales de Justo Braga, “representan una cantidades de dinero con las que me limpio el culo todos los días”. ¿No es todo esto fascismo y matonismo?.

Para la CSI, los afiliados y afiliadas de la UGT deberían tomar cartas en este asunto y forzar la dimisión de su Secretario General, Justo Braga, empeñado en enterrar en el fango las siglas de un sindicato, la UGT, cuya historia se merece otro final distinto al que parece estar abocado.