Duro-Felguera cierra el Taller de Barros

Hace, ahora, poco más de un año, la Corriente Sindical d’Izquierda realizaba una campaña de movilizaciones contra el despido de Iván y de Sergio, trabajadores del Taller de Barros de Duro-Felguera y militantes de la CSI, y contra el cierre de los talleres de Duro.

Desde la CSI anunciábamos que este despido era el anuncio del cierre, no solo del Taller de Barros, sino del resto de las plantas de Duro-Felguera.

Durante esas movilizaciones, en numerosos comunicados públicos, la CSI decía:

“El principal problema de Duro-Felguera radica en una realidad que cada vez es más incuestionable: los Comités de Empresa y las direcciones de los sindicatos representados, CCOO y UGT, están negociando con la empresa los cierres de todos los talleres, están vendiendo la práctica totalidad de los empleos y solamente queda por negociar el precio que se le pone a cada puesto de trabajo. Desde la CSI nos atrevemos a preguntar: ¿se quedará algún representante sindical sin “arreglar lo suyo”?”.

“Animamos a los trabajadores de CCOO y UGT en Duro-Felguera, a tomar cartas en este asunto. Os animamos a rebelaros contra vuestras direcciones y contra vuestros “representantes”. Sabemos que sois clase obrera (aunque parezca que se os haya olvidado), sabemos que no queréis vender vuestro puesto de trabajo, sabemos que no queréis vender el futuro de vuestros hijos e hijas. Pues, eso: ¡no lo hagáis!.”

Ni que decir tiene que nos llamaron de todo. Pero, ¿y ahora, qué?. ¿Alguien va a responder por el cierre de los talleres de Duro?. ¿Alguien va a dar la cara?. ¿Pediremos responsabilidades a los empresarios, políticos y “dirigentes sindicales” que cerraron los talleres de Duro?.

El año que viene, habrá elecciones en la mayoría de las empresas asturianas. Tenemos dos alternativas: seguir manteniendo en sus puestos a la mafia sindical o empezar a construir una nueva forma de hacer sindicalismo, defendiendo los derechos de la clase obrera, sin liberados, sin subvenciones y sin traiciones.

Repetimos lo que, desde la CSI, tantas veces decimos: los despidos no se firman, los derechos no se venden y la dignidad no se pierde.
Os dejamos con unas reflexiones de Marco Antuña, delegado sindical de la Corriente Sindical d’Izquierda en Cajastur:

Duro Felguera cierra el taller de Barros y pone fin a 156 años de actividad industrial en Langreo.

Una sola frase que encierra muchas cosas.

La historia de una burguesía que explotó los recursos naturales asturianos y explotó también, con mano de hierro, a varias generaciones de trabajadores para irse cuando le conviene, sin dejar nada más que ruina, desolación y falta de futuro.

La historia de unos políticos regionales siempre al servicio de esta burguesía.

Con diferentes nombres: conservadores, progresistas, fascistas, socialistas…. y la misma servidumbre ante los verdaderos propietarios de todo.

La historia de unos sindicatos del régimen que son la mejor herramienta para las reconversiones y los cierres.

Como en la minería, como en el naval, como en las cajas de ahorros…

Pero también nos queda la historia de muchas vidas dignamente vividas alrededor de una idea del trabajo y de un orgullo de clase obrera, que hoy también quieren arrebatarnos.

La idea de que el trabajo es un derecho y un deber y no un privilegio o una limosna.

La memoria de muchos años de lucha por la dignidad y los derechos de los trabajadores y trabajadoras y de ocasiones en que los obreros de la Duro cambiaron el torno y la fresadora por el fusil y la dinamita para conquistar un futuro mejor para la humanidad (así como suena, sin un ápice de exageración por mi parte).

Las huelgas de meses (más de 9 en los años 30), el 17, el 34, el 36, los camiones apresuradamente blindados para ir a tomar Uviéu, Onofre, Celesto el Topu, Higinio Carrocera (el Leónidas del Mazucu), la vida alrededor del centro obrero La Justicia y, más recientemente, los conflictos que culminaron con el encierro en la Catedral de Uviéu.

Que esa memoria no se pierda, para que la derrota de estos años grises no entierre tanto coraje y tanta dignidad colectiva.

Lo siento, no soy neutral.

Esta vez menos que nunca.

Mi abuelo y mi padre trabajaron en la Duro (así se decía en casa).

Recuerdo cuando, siendo un guaje, yendo a buscar a mi padre al portón de la fábrica, veía salir a cientos de trabajadores y sentía bullir la vida y, de alguna forma indefinible, me sentía parte de esa vida.

Ahora, cierran la persiana y se van.

Pero los nuestros se quedan para siempre, si no los olvidamos.

Que así sea.