Villa y la minería: El tinglado de la antigua farsa

Durante la huelga de la minería de 2012, desde la Corriente Sindical d’Izquierda llamábamos a la solidaridad de toda la clase obrera asturiana con esta huelga y pedíamos públicamente a los dirigentes del SOMA-UGT, entre otros, que estuvieran “a la altura de los trabajadores de la minería, defendiendo los derechos reales de estos trabajadores y abandonando viejas posturas que, en el pasado, solamente supusieron cierres de pozos, pérdida de puestos de trabajo y especulación, cuando no corrupción, en la gestión de los fondos mineros y de los recursos económicos de Asturies, en general, y de las cuencas, en particular”.

Muchas voces acusaron a la CSI de provocar la desunión de los mineros (la verdad es que desconocíamos que teníamos tanto poder) y de querer sacar provecho de todo ello.

Pero durante ese mismo año, 2012, según las últimas noticias, el máximo dirigente del SOMA y, probablemente, del PSOE, se acogía a una amnistía fiscal. La consiguiente investigación de la Fiscalía, probablemente descubrirá que todo esto no es más que la punta de un iceberg que, aunque constituya todo un notición en el resto del Estado, aquí, en Asturies, no es más que un secreto a voces.

Quizá lo peor de todo sea que, mientras algunos (es improbable que Villa estuviera actuando solo en todo este tinglado) hacían negocios fraudulentos, cientos de trabajadores y trabajadoras se arriesgaban a ser detenidas y enjuiciadas por su participación en las movilizaciones mineras.

En aquella huelga y en los juicios que ahora están teniendo lugar, los trabajadores y trabajadoras pagan con multas millonarias y decenas de años de petición de cárcel, una lucha que para Villa y su círculo suponía un auténtico botín de dinero y poder.

En 2012, la CSI decía: “No vamos a dejar que acaben con Asturies y las minas”. Ahora, dentro de unas semanas, van a tener lugar las elecciones sindicales en Hunosa. Y en la CSI seguimos manteniendo lo que dijimos.

Los trabajadores de Hunosa tienen dos opciones: seguir llenando los Comités de Empresa de barrigas agradecidas, cuando no corruptas, o dar paso a otro sindicalismo construído desde la autoorganización obrera, por encima de las direcciones sindicales o políticas y con el único objetivo de defender los derechos obreros.

Esta vez no hay excusa.