El joven senegalés detenido por la Brigada de Extranjería logra evitar la expulsión

Oumar está de vuelta a Asturies. Al llegar a Madrid comprendió que iba a ser deportado gracias a un compañero que viajaba en el mismo avión con destino a Dakar y con el que se estaba en contacto telefónico. La policía le había mentido diciéndole que en Madrid su caso sería revisado en un juzgado. Así que durante el transbordo en Madrid se resistió a ser embarcado.

Sobrevivir no es delito

Este joven senegalés había sido detenido el jueves 6 de diciembre, coincidiendo con el Día de la Constitución española, en Ribadesella (junto con otros tres compañeros) por “venta ilegal”; es decir, por tratar de sobrevivir vendiendo bolsos o DVDs en la calle.
No había cometido ningún delito en los cinco años que llevaba en Asturies, si acaso el mismo que la mayor parte de nosotras, buscarse la vida. El juez lo tuvo en cuenta y el mismo viernes no autorizó su internamiento en un CIE. Sin embargo, la policía nacional tenía la intención de apurar al máximo las 72 h de arresto -incluso las superó- para utilizar un vuelo comercial con transbordo en Madrid y destino Dakar para expulsarle. No harán lo mismo con Díaz Ferrán.
Desde la Ruta contra’l racismu y la represión se convocó el viernes con caracter de urgencia una concentración delante de la comisaría de El Natahoyo de Gijón. La asamblea allí celebrada decidió continuar la protesta a pesar de que legalmente parecían agotarse las posibilidades. La única solución era que la tripulación y el pasaje del vuelo se negase a volar con una persona conducida a la fuerza, por lo que se realizó un acto informativo en las mismas puertas de embarque del aeropuerto de Ranón, al que asistieron unas veinticinco personas. La acción tuvo buena acogida y muchas personas estaban dispuestas a negarse a permanecer sentadas mientras se expulsaba a una persona que no había cometido ningún crimen.
Sólo los pasajeros sentados cerca pudieron darse cuenta que habían embarcado a Oumar el primero, que tuvo el coraje de venir desde Senegal, pero que quizás en ese momento no tuvo las suficientes fuerzas para resistir. Setenta y dos horas de desesperación en los calabozos, y la promesa de que no estaba siendo realmente expulsado, habían hecho la suficiente mella.
Parecía que la protesta no había logrado su objetivo. Sin embargo, gracias al hecho de concentrarse en el aeropuerto, se pudo contactar con un pasajero que le explicó a Oumar su situación real y lo que debía hacer al llegar a Madrid. Gracias a su resistencia activa y al hecho de que ya había transcurrido el período máximo de detención, la Policía Nacional se vió obligada a ponerle en libertad, regresando horas después en autobús a Oviedo.

30 personas son expulsadas diariamente en el Estado español

La detención de Oumar no es un hecho aislado. Una media de 30 personas es expulsada cada día como resultado de las millones de identificaciones racistas que la policía realiza anualmente en el Estado español. Decenas de miles son internadas en los CIEs (Centros de Internamiento de Extranjeros), los Guantánamos españoles. Y otras son expulsadas en las 72 horas siguientes a su detención.
Diversas organizaciones en todo el Estado vienen alertando sobre la existencia de vuelos de repatriación conjuntos (llenando un avión con personas inmigrantes) o vuelos comerciales donde, si “es necesario” por la fuerza , son trasladadas estas personas contra su voluntad. En alguna ocasión estos vuelos han terminado con la muerte de la persona expulsada: es el caso de Osamuyi Aikpitanyi, asfixiado por dos policías que aplicaban dicha violencia “necesaria”. Parece ser que para el Estado español la expulsión de personas migrantes es más importante que el respeto por los Derechos Humanos, y estos vuelos se reiteran ante la desidia cómplice de consulados y gobiernos que firman acuerdos –muchas veces desconocidos para nuestras sociedades– donde no se contempla en ningún momento el respeto a las personas que sufren la expulsión.