Dignidad y derechos. Por un día de lucha diferente

LOS MOTIVOS

El próximo 14 de noviembre de 2012 distintas organizaciones sindicales han convocado una jornada de Huelga General. A estas alturas casi resulta redundante recordar todo el rosario de agresiones que el pueblo (al igual que en otros estados europeos) viene sufriendo en sus derechos, derechos adquiridos tras muchos años de lucha y esfuerzo.
Medidas contra el déficit para eliminar conquistas y derechos. La reforma laboral ha llevado a la desregulación del mercado de trabajo, al despido libre, a los ERES sin control, a la eliminación de los Convenios, a reducciones de salarios y ampliaciones de jornada, al fomento de la explotación y la desaparición de derechos, rompiendo el equilibrio empresa-trabajador/a.
Las medidas de contención del déficit público que defiende el Gobierno del Partido Popular siguen ahondando en el pozo de la crisis; los cierres de empresas son continuos, los abandonos de las multinacionales, también, el paro supera cualquier límite inimaginable, uno de cada cuatro ciudadanos del Estado español en edad de trabajar no tiene ocupación y uno de cada dos jóvenes que busca trabajo, tampoco; cientos de miles de desahucios muestran la fractura social que se está produciendo en este país a costa de los de siempre. No se ve luz al final del túnel, pero se siguen tomando decisiones que atentan contra el conjunto de la sociedad, desmontando los servicios públicos y la protección social, educación, sanidad, dependencia, precisamente cuando más se necesitan para ayudar a los más débiles, a los que más sufren los golpes de la crisis.
Esta crisis es una estafa. Nos dicen que estos esfuerzos son necesarios para salir de la crisis en la que nos encontramos. Es mentira. Echando mano de un término acuñado en la calle, hay que decir bien alto que esto no es una crisis, es una estafa, un robo perfectamente orquestado. ¿Qué recortes y medidas de control se están aplicando al sector bancario, culpable de esta situación? ¿Qué recortes o subidas de impuestos se aplican a las grandes empresas o a las grandes fortunas y patrimonios, que continúan con las mismas escandalosas exenciones fiscales que antes de estallar esta “crisis”? ¿Qué medidas se toman contra el fraude fiscal en un país en el que cada año se defraudan casi 100.000 millones de euros cuando un 70% de dicha cantidad corresponde a las grandes empresas?

NUESTRO PAPEL

Quienes trabajamos en las Administraciones Públicas también estamos en primera línea del paredón, y ello por dos sencillas causas: nuestros salarios y muchos de nuestros derechos dependen de una sencilla decisión legislativa, y estamos justo entre los grandes y voraces poderes económicos y unos servicios públicos que les estorban y que son su objetivo. Así, a las congelaciones de sueldo les siguió la bajada del mismo, las congelaciones de plantilla primero y la reducción pura y dura después con despidos indiscriminados de temporales e interinos sin cubrir las vacantes, poniendo en peligro la calidad en la prestación de los servicios; ahora la desaparición de una paga extra, dejan en mínimos los días de permiso, reducen la cobertura en situación de IT, eliminan las jubilaciones anticipadas, fulminan las ayudas sociales, etc., etc., etc., derechos todos ellos conseguidos y no regalados que ahora vemos desaparecer de un plumazo, porque en su discurso de la crisis se permiten todo. Y como colofón, ya tenemos en vigor los despidos colectivos en la administración, que hoy afectan al personal laboral, pero mañana pueden recaer sobre cualquier empleado público: indemnización de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades y a la calle.
Es evidente que no nos faltan motivos para movilizarnos y secundar tanto la Huelga General como cualquier otra movilización que se convoque. La pasividad es la última de nuestras opciones y la ola de respuestas debe seguir sin descanso, conjugando todas las iniciativas que surjan. Los viernes negros deben continuar; desde la Corriente siempre vimos con simpatía una movilización salida espontáneamente de los propios trabajadores, al igual que las Asambleas de Trabajadores, en las que os animamos a participar.

UNA LUCHA DE TODA LA SOCIEDAD

Pero eso no es suficiente: todas y todos debemos dar un paso adelante, tanto en la intensidad de la movilización como en el esfuerzo personal que ésta suponga. El 14-N debe suponer una gran puesta en escena del descontento popular hacia las agresivas políticas neoliberales que rapiñan sin descanso en nuestros derechos, nuestra salud, nuestros salarios…, políticas que hipotecan nuestras vidas.
Toda la sociedad debe involucrarse en esa respuesta. Y en ese sentido cabe recordar que, por desgracia, hay un sector de la población cada vez mayor que no tiene posibilidad real de participar en una huelga general al estilo clásico (destinada a paralizar grandes sectores productivos). La sociedad está cambiando, y hay millones de personas que quedan fuera del contenido de esa huelga tradicional: cinco millones de parados, personas que no siempre reciben un salario (precarios, cuidadores, producción cultural, interinos, microempresas…), amas de casa, etc., etc.
Ello exige un esfuerzo imaginativo a todos esos sectores para participar en una jornada de lucha que va más allá del cierre de empresas y la actividad de piquetes (totalmente necesarios, por otra parte). Animamos a estas personas, pero también a sectores como la juventud (asociaciones, sindicatos de estudiantes…) o movimientos como el 15-M, que tienen una experiencia organizativa y movilizadora, a tomar no sólo la calle de una forma distinta, sino incluso a tomar la huelga, y logren que ese día se convierta en una jornada de lucha totalmente abierta al conjunto de la sociedad. Hay que tomar las calles y plazas juntando huelguistas y vecinos; hay que lograr que los pequeños comercios y los autónomos se sientan incluidos en la lucha de ese día; hay que lograr que la huelga no sólo consista en no acudir al trabajo sino también en no consumir; es un día muy apropiado para denunciar ante las entidades bancarias los cada vez más numerosos desahucios … Se trata, en definitiva, de complementar la huelga clásica con nuevos espacios de conflicto y resistencia que no puedan ser gestionados por el poder y el sistema.