CSI ante el conflicto de la minería

Los trabajadores y trabajadoras de la minería asturiana han decidido poner fin a la huelga y volver al trabajo.
Cada trabajador y trabajadora sabe cuál fue su actitud y su aportación personal durante este conflicto. Cada trabajador y trabajadora sabe cuál fue la actitud de todos y cada uno de los sindicatos. Cada trabajador y trabajadora sabe cuál fue la conducta y las directrices de todos los dirigentes sindicales.
No es el momento de reproches, pero sí de tener claras varias realidades:

  1. El Gobierno ha impuesto, momentáneamente, sus condiciones
  2. Los objetivos que se planteaban los sindicatos, al inicio de la huelga, no se consiguieron en absoluto.
  3. El conflicto se ha cerrado en falso y volverá a recrudecerse en pocos meses.

En la CSI no damos esta lucha por terminada y ni siquiera consideramos como un fracaso el camino andado hasta aquí. El conflicto del carbón nos enseñó que la unión y la firmeza de los trabajadores y trabajadoras pueden ayudarnos a conseguir un futuro distinto al que nos tienen preparado.
En este sentido, la total absolución de todos los imputados en causas judiciales derivadas de las movilizaciones, es una reivindicación irrenunciable.
Las movilizaciones deben continuar, porque la resignación nunca trajo nada bueno para la clase obrera. Manifestaciones, paros temporales, jornadas de lucha, acciones contundentes…, todo ello puede servirnos para preparar, sin excesivo desgaste, las condiciones favorables para un nuevo conflicto que, sin duda, volverá a tomar protagonismo.
Para ello, es necesario que los dirigentes sindicales de CCOO y SOMA-UGT cambien de actitud, defendiendo los derechos reales de los trabajadores y trabajadoras y abandonando viejas posturas que solamente volverán a traernos cierres de pozos y pérdida de puestos de trabajo.
Las direcciones de CCOO y SOMA-UGT tienen la obligación de defender, por encima de cualquier sigla, los derechos e intereses comunes del conjunto de los trabajadores y trabajadoras y abandonar toda actitud inspirada en los intereses particulares de cualquiera de los dos sindicatos o de sus propios dirigentes.
De no ser así, queda en manos de los trabajadores y trabajadoras desbancar a estos dirigentes sindicales, ahondar en la propia autoorganización obrera y volver a coger, con sus propias manos, unas riendas que nunca deberían haber soltado.
Pero en las condiciones en las que estamos, ningún sector, ni siquiera el sector minero, va a poder solucionar sus problemas por sí solo. Los trabajadores y trabajadoras de la mina necesitan urgentemente abrir su conflicto a la participación y el apoyo de otros sectores sociales y laborales, porque esto ya se ha convertido en una lucha de toda la sociedad asturiana.
No podemos seguir luchando por separado en cada empresa o sector, porque esto solo nos conducirá a la derrota. Es necesario unir a todos los trabajadores y trabajadoras de empresas en conflicto e incorporar a esa pelea al sector más perjudicado de todos: las personas en paro o con trabajos precarios.
Debemos asumir y apoyar que cualquier persona, de cualquier sector laboral, minera o no, parada o no, tiene que sumarse a cualquier conflicto de cualquier sector. Se trata de sumar luchas y voluntades.
La palabra “rendición” no está en nuestro diccionario. La historia de Asturies se escribió y se escribirá con otras palabras: firmeza, solidaridad y lucha obrera.